kilito de menos, por no perder el tiempo comiendo. Demasiadas cosas que ver y poco tiempo para todo.
Ahora toca la vuelta a la dura realidad, y a la lavadora. Apenas cinco días fuera, generan al menos dos lavadoras, con su correspondiente plancha. Es en estos momentos cuando pienso si realmente merece la pena viajar. Pero venga, vamos a dejar el lloriqueo y a ponerme manos a la obra.
- Vaya, no recordaba que me había quedado sin detergente.
La verdad es que soy un poco despistada, pero menos mal que mi vecina de al lado es un ángel y siempre me presta todo lo que necesito.
Llamo a su puerta y me sorprende que no sea ella quien me abra, pues hasta dónde yo conozco, está divorciada y vive sola.
- Hola, está Clara, soy Melibea, la vecina de al lado.
- Hola, no, mi hermana ha salido. Tenía una cita importante. Yo soy Román, su hermano pequeño. Te puedo ayudar en algo?
- Pues si, bueno, no se. Esto, yo venía a por unos polvos.
Nada más terminar la frase, me sonrojo hasta la médula, y noto como él me mira y sonríe.
- Polvos para la lavadora, por supuesto.
- Sí, por supuesto-dice él de manera socarrona. Supongo que te puedo ayudar, aunque no estoy muy seguro de donde guarda mi hermana los polvos.
- Debajo del fregadero-digo intentando calmarme. Generalmente ella guarda allí el detergente.
Román se da la vuelta y se dirige al fregadero. Es un hombretón elegante y guapísimo. ¿Cómo es que Clara nunca me había dicho nada de él?. Recordatorio. Regañar a Clara por ocultar a su familia.
- Llévate el paquete- dice con voz aterciopelada.
Doy un respingo. No me había dado cuenta que ya estaba a mi lado
- ¿Cómo?
- El paquete de detergente.- Me indica. ¿Necesitas más?.
No se como tomarme esa pregunta, y además se está haciendo tarde, y aún tengo que ducharme y arreglarme porque mi man va a pasar a recogerme.
- Está bien, gracias.
Cojo el paquete de manera rápida, pero eso no impide que nuestras manos se toquen. Manos duras y tibias!!!.
Llego a mi piso y me doy cuenta que estoy nerviosa. Respiro, una, dos, tres veces. Necesito calmarme.
De repente suena el timbre. Me acerco a la puerta y miro por la mirilla. ¿Y si es él?. y si, era él, pero mi él.
- Cariño, aún no me he duchado. Sírvete algo mientras esperas.
- Y quien quiere esperar??. Dice , mientras pasa detrás de mi al baño.
Y por supuesto, yo no soy la que quiero esperar. Necesito sacarme cuanto antes el polvo del viaje. Y a eso nos dedicamos el resto de la tarde.













